El salón. Le carré

Esta zona también se conoce como el carré, del francés. Para la zona del salón del Nerea, había pensado en hacer el piso -plan- en un plano más elevado al resto del barco. Unos 100mm. Esto, da varias ventajas, pese a lo insignificante de la altura.

Primero se gana una zona de estiba en la zona baja. Además, hacemos una separación apenas perceptible pero real del resto de la embarcación. Hay que tener en cuenta que esto es la gran zona, donde se comparte espacio entre la cocina, el salón y la zona de gobierno o mesa de cartas.

Esta zona, por lo tanto es  la más polivalente de un velero, más si este está destinado a la navegación oceánica. No sólo es dónde comes, ves una peli, charlas con los amigos, lees, miras las guías y derroteros, haces la siesta… sino que en travesías largas, la mesa se baja y se convierte en una enorme cama, en el centro del barco, dónde poder hacer las guardias, sin meterte en el aislamiento de un camarote. Con la mesa de cartas y el control del velero a menos de dos metros. No recuerdo si era Cocua Ripoll en su magnífico libro Un paseo por el Mundo, que lo definía como “la pulguera“. Una especie de nido donde poder hacer el perro…

Bueno, todo esto aun no se puede ver. Durante el mes de septiembre, hemos construido el piso elevado. Las tapas de sentina y la estructura de los asientos y respaldos. Poco a poco añadimos la cobertura de los cadenotes en madera… estamos en progreso. Porque hemos estudiado los libros de diseño y arquitectura sobre la anchura confortable del asiento, la forma y radio de los bordes, el ángulo confortable para comer, o para descansar de los respaldos… en fin, un montón de cálculos a los que someter los espacios de a bordo, para poder ajustarnos lo máximo al máximo confort, dentro de nuestro espacio.

levantando el suelo 100mm

levantando el suelo 100mm

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carpintería interior

zona pintada y con las tapas

zona pintada y con las tapas

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suelo puesto y avanzando

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casi terminado…

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detalle de la zona de llenado de agua del depósito de Br

detalle del interior de los armarios de los respaldos

detalle del interior de los armarios de los respaldos

 

Mamparo de proa

Y cerramos el camarote de proa… colocar el mamparo de proa, es un paso más. Con muchos tropiezos, pero avanzando… es un paño enorme, para ajustar, para chequear, para colocar el Polyrey, para engalletar y para encolar… pero al final, colocado. Faltan los remates para poder calificarlo…

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mamparo sin Polyrey

 

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Mamparo con Polyrey

 

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Camarote de proa. Parte II

 Tras una parada de casi 5 meses sin dedicarme en pleno al Nerea, por fin me puedo escapar a Tarifa a continuar.

Una parada necesaria para poder solventar una serie de flecos que tenía pendientes en Madrid y que en el conjunto de este viaje son tan necesarios como acabar el velero. Así que tuve que priorizar y con gran pesar, dejar aparcada mi querida hojalata

Pero llegó mayo, con sus flores y demás y me planté en Tarifa 18 días. La verdad es que me pasé unas buenas horas, limpiando la sentina de restos de corcho y cola. Volví a subir las maderas del plan, a bordo, colocar cada plancha en su sitio, previa instalación de unas tiras de caucho en las cuadernas, para que las maderas descansen sobre algo “esponjoso” y no hagan demasiado ruido.

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Tiras de caucho negro entre el plan y las cuadernas

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Tras tener el piso colocado y dejar de correr riesgos de rotura de tobillo, me puse a colocar el trabajo que tenía avanzado en el camarote de proa. Como había pasado tanto tiempo, me costó un poco volver a encajar cada cosa en su sitio… Y con el corcho llenando cada recoveco, tuve que ampliar los rebajes de las cuadernas para que todo volviera a encajar como antes del aislamiento.

Con todo colocado, la verdad es que me quedé en blanco pensando cómo poder colocar las chapas de contrachapado de 6 mm que harán de base a las tiras de bambú que quiero que sean las “paredes” del camarote. Al final, tras darle muchas vueltas y con ayuda de Gregory, decido ir por el camino tradicional, que es el de colocar unos listones donde apoyar las chapas. Aprovechando la visita a una de las carpinterías de Algeciras, me compro unos listones de pino, que posteriormente los epoxibilizo por si algún bicho tiene hambre…

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listones en Er

 

Empiezo a colocar los tablones, de la parte superior a la cama, una vez que tengo esto, coloco el trozo de mamparo pequeño que separará el camarote de proa del resto del velero.

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Una vez que tengo las paredes, levanto los mondaderos, una especie de cajones laterales de acceso superior, donde poder guardar pequeñas cosas. Además son de unos 400 mm de alto, para que los hombros puedan tener superficie donde apoyarse en caso de escora,  teniendo en cuenta la altura de sombre y colchón.

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Antes de continuar, veo que tengo que desmontar, de nuevo, todo lo que he avanzado. ¿El motivo? que si quiero poder revestir la parte inferior de la cama, destinada al almacenaje y que el corcho no se me vaya por culpa de los roces de las cosas, tengo que forrarlo antes.

Así que de nuevo pienso que el destornillador eléctrico es el mejor invento de la humanidad…

Y me dispongo a medir y cortar los laterales de la parte baja. Aquí la curva del casco es algo más compleja que en la parte alta. Así que tras cortar mal dos partes, y chequear las medidas varias veces, no consigo entender porqué me quedo corto en alguna esquina.

La verdas es que estuve bastantes minutos dándole vueltas al tema… hasta que me vino a la cabeza Mercator y sus proyecciones cilíndricas. Sin querer, me vino a la cabeza este matemático y empecé a entender que para que me encajaran las piezas, una vez curvadas, debía de estirar algunas de sus partes y deformarlas un poco… Si bien a ojo y con cartulinas… pero empezaba a acercarme…

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Interior del espacio de estiba bajo la cama de proa, con todas las maderas forradas con Polyrey gris

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El recubrimiento de la madera lo hago encolando un producto de la casa Polyrey, que es del tipo Formica, pero aparentemente más resistente. Y como había en el astillero una plancha y media de este gris, me decidí por usarlo para este interior.

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Una muestra de tiras de bambú, para ver cómo queda

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El rayo verde, puerta blanca y suelo nuevo

 Durante la primera semana se septiembre, iniciamos la construcción de los interiores. Por fin!!!!!!!!!!!!

La base es la colocación del nuevo plan. El plan es la parte pisable más baja de una embarcación.  La idea es que los bordes sean lo más ajustado a la forma del casco con sus cuadernas incluídas. También me interesaba que pudiéramos usar un sólo tablón de golpe, es decir, los tablones tienen unas dimensiones de 2440×1220, y si se puede prefiero colocar piezas grandes y luego “abrir” los registros que me sean necesarios a colocar tablas más pequeñas.

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El suelo es de madera contrachapada fenólica –plywood– de 15mm de grosor, a la que se le sumará, seguramente, una chapa de bambú en las zonas visibles.

Pues con el despiece del Plan, vamos encolando las dos maderas que darán el grosor de 25 mm de la puerta de acceso. Lijado y cepillado.

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puerta de acceso

En eso llega el primer  fin de semana, con mi cumpleaños… y nos vamos a celebrarlo Elena y yo a Chipiona. La idea original era Sanlúcar de Barrameda, pero después de deambular por la desembocadura del Guadalquivir, nos quedamos en Chipiona.

Allí, tomando una caña en el paseo marítimo vemos el codiciado Rayo Verde. Mira que lo he buscado en cada ocaso a bordo del RUAJ y del MARE NOSTRUM, en el Cantábrico y en el Mediterráneo. Y justo lo veo desde tierra… casi debajo del faro más alto de España. El faro de Chipiona – 36°44′16″N 6°26′32″O– es un faro de recalada que está situado en la Punta del Perro. Es un faro de primer orden, es el más alto de España, tercero de Europa y quinto del mundo, midiendo 62 m sobre el terreno. Además es usado como aerofaro y tiene un alcance en horizontal y vertical de 30 millas, gracias a su bombilla halógena, que señala la entrada al estuario del Guadalquivir.

En el ocaso del día que estreno mis 47 años veo mi primer rayo verde. Mira que es casualidad…

Este fenómeno del Destello Verde se produce cuando coinciden varias situaciones. Lo podéis ver aquí. Pero hacen hincapié de que es fundamental que el observador esté atento. Así que seguramente todos hemos estado delante de varios destellos verdes y no nos hayamos dado cuenta… así que la próxima vez que tengáis oportunidad de ver un ocaso o un orto no dejéis de mirar.

Es gratis.

Uno de los libros menos conocidos de Julio Verne es precisamente El Rayo Verde, ambientado en las Islas Hébridas al Oeste de Escocia.

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Aunque la adaptación del cineasta Eric Rohmer es un poco más entretenida le rayon vert (1986)

El rayo verde 25

 

aunque me quedo con el original del maestro Verne, con el hermano Sam el hermano Sib y Elena Campbell….250px-Verne-Paprsek-fronti